Cuando el placer deja de ser suficiente: drogas, sexo y la desconexión del ser

Sexo, drogas y Rock and Roll… Vivimos en una sociedad donde está muy asociado las drogas y el sexo, pero esta asociación más allá de ser un pensamiento colectivo, la realidad para la persona que lo vive, es una duplicidad de riesgo en su integridad física, mental y emocional.

MOISES M.

4/19/20263 min read

Cuando vives una adicción a sustancias la constante es una búsqueda de placer: sentir más, experimentar más, ir más allá. En ese camino, el sexo y las drogas suelen cruzarse, no por casualidad, sino porque ambos activan uno de los sistemas más poderosos del ser humano: el sistema de recompensa.

Pero hay una verdad incómoda que pocas veces se dice con claridad: Cuando el placer se vuelve el centro de la vida, deja de ser suficiente. Y es ahí donde comienza el problema.

Vamos a hablarlo desde dos escenarios, el primero es cuando el sexo deja de ser suficiente.
El sexo, en su estado natural, es una experiencia profundamente humana. No solo es físico, también es conexión, presencia, intimidad, vulnerabilidad. Es una forma de sentir.

Sin embargo, cuando una persona entra en el mundo de las drogas, su relación con el placer cambia radicalmente.
Las drogas elevan artificialmente los niveles de estimulación del cerebro a tal grado que lo natural comienza a sentirse… insuficiente.

Lo que antes generaba placer, como una caricia, una mirada, el contacto. Empieza a perder intensidad. Y entonces aparece algo silencioso pero devastador:

La desconexión del deseo. Aquí es cuando el sexo pierde todo sentido, la evitación al sexo se vuelve recurrente.

Muchos adictos no es que no quieran tener sexo, es que ya no lo sienten igual. Esto es:

· La excitación disminuye

· El interés baja

· La conexión emocional desaparece

El sexo comienza a percibirse como algo plano, sin profundidad, incluso como una obligación.

¿Por qué?

Porque el cerebro ya fue condicionado a niveles de estimulación mucho más altos, derivado de las drogas que consume. “Lo natural ya no compite con lo artificial”.

Pero hay algo más profundo aún: El sexo implica sentir. Y el adicto, en el fondo, está huyendo de sentir. Grave situación sin duda.

Así, el sexo deja de ser conexión y se convierte en algo que se evita, porque ya no cumple su función original.

Ahora hablemos del otro extremo: la sobreestimulación y la distorsión del placer

Porque no todos reaccionan igual. Algunos no evitan el sexo… lo intensifican. Y aquí es donde todo se complica más. Ya que en estos casos ocurre lo contrario de la evitación:

· Se busca sexo más frecuente

· Más intenso

· Más extremo

Pero no desde el disfrute… sino desde la necesidad. De aquella constante de búsqueda de más placer. Aquí aparece un fenómeno clave:

La tolerancia al placer.

Lo que antes excitaba, ahora ya no es suficiente. Lo que antes satisfacía, ahora se queda corto. Y entonces la persona comienza a escalar:

· Más riesgo

· Menos límites

· Más impulsividad

Hasta llegar, en algunos casos, a comportamientos que ni siquiera conectan con su esencia o valores. No porque así lo deseen realmente. Sino porque su sistema de recompensa ya no responde a lo “normal”.

Aquí se detecta un fenómeno muy evidente: El vacío detrás del impulso

Tanto la evitación como la sobreestimulación tienen el mismo origen:

Un vacío emocional no atendido. El adicto no está buscando sexo.
No está buscando placer, está buscando alivio.

· Alivio del dolor

· Alivio de la ansiedad

· Alivio del vacío interno

Y cuando el sexo se usa con ese propósito, deja de ser una experiencia humana y se convierte en una herramienta de escape.
Aquí el adicto entra a un estado llamémosle de hipnosis, de inconciencia absoluta, “la ilusión del placer”. Las drogas pueden hacer que el sexo se sienta más intenso momentáneamente. Pero esa intensidad es engañosa.

· No es conexión.

· No es presencia.

· No es intimidad real.

Es una simulación amplificada de placer que, con el tiempo, deja más vacío que satisfacción. Porque el verdadero placer no viene de la intensidad…Viene de la capacidad de sentir.

¿Esto tiene vuelta atrás? Sin duda, pero requiere mucho tiempo y trabajo personal…Se trata de: Recuperar el sentido, volver al cuerpo, volver a uno mismo.

El verdadero trabajo en la recuperación no es solo dejar la sustancia. Es reaprender a sentir.

· Volver a conectar con el cuerpo.

· Redescubrir el deseo natural.

· Recuperar la capacidad de disfrutar lo simple.

El sexo, en este proceso, puede transformarse nuevamente en lo que siempre fue:

· Un espacio de conexión

· Un lenguaje emocional

· Una experiencia consciente

Pero esto solo sucede cuando la persona deja de buscar afuera lo que necesita trabajar adentro.

“Cuando una persona necesita una sustancia para sentir placer en el sexo, no está ampliando su experiencia… está perdiendo su capacidad de sentir de forma natural”.

El problema no es el sexo. No es el placer. El problema es cuando el placer se convierte en una vía para no sentir. Y ahí es donde comienza la desconexión.

Si queremos hablar de libertad, de conciencia y de bienestar real, necesitamos entender esto:

El placer auténtico no se construye desde la evasión, sino desde la presencia. Sentir el momento, respirar el momento, oler el momento…

MOISES M.