La droga más grande del mundo no es la cocaína… son los problemas

En una entrevista, Tony Robbins dijo una frase que puede incomodar, pero que encierra una verdad brutal: “La droga más grande del mundo no es el fentanilo, ni la cocaína, ni la metanfetamina… son los problemas.” La primera vez que la escuche me sonó exagerada. Pero si la analizas con honestidad… empieza a doler un poco. Porque no todos consumen sustancias. Pero casi todos consumen problemas.

MOISES M

2/27/20263 min read

El problema como sustancia emocional

¿Qué hace una droga?

  • Altera tu estado emocional.

  • Activa dopamina y adrenalina.

  • Modifica tu percepción de la realidad.

  • Puede generar dependencia.

  • Se convierte en escape.

Ahora observa lo que ocurre cuando tienes un problema.

  • Tu cuerpo libera cortisol.

  • Tu mente entra en modo alerta.

  • Tu narrativa interna se activa sin parar.

  • Sientes intensidad, urgencia, drama.

El cerebro no distingue bien entre una amenaza real y una imaginada. Solo responde a la activación. Y hay personas que no son adictas a resolver problemas… son adictas a la intensidad que el problema genera.

No buscan paz. Buscan estimulación. Y el estrés constante se convierte en su dopamina.

Cuando la identidad está basada en el conflicto. Aquí es donde la frase se vuelve más profunda.

Algunas personas no solo tienen problemas… son sus problemas. Tengamos claro que mucha gente utiliza los problemas como una forma de conectar.

“Soy así por mi infancia.”
“Siempre me pasan cosas malas.”
“Mi vida es complicada.”

El conflicto se convierte en identidad, en narrativa, en excusa, en zona conocida.

Resolverlo implicaría perder el personaje. Y eso da miedo. El psiquiatra y sobreviviente del Holocausto Viktor Frankl escribió en El hombre en busca de sentido que cuando el ser humano no encuentra sentido, entra en un vacío existencial. Ese vacío duele. Y muchas veces el problema lo llena.

Es más fácil luchar contra algo que enfrentar la pregunta:

¿Quién soy sin mi dolor?

Hablemos de una condición social actual, la sociedad adicta al drama.

No solo es un fenómeno individual. Es cultural, las noticias venden miedo, las redes sociales premian la polémica, el conflicto genera interacción, el drama da visibilidad.

Una persona en paz no genera tanto “engagement” como una persona en crisis. Socialmente, el problema está reforzado, el caos es estimulante, la estabilidad parece aburrida.

Este concepto ayuda a entender: “Problemas como evasión”.

En el mundo de las adicciones esto se ve con claridad. Primero, la persona consume para escapar de sus problemas. Después, la sustancia se convierte en el mayor problema. Y finalmente, vive en crisis constante.

Pero incluso en recuperación, algo interesante ocurre: Algunas personas dejan la droga… pero no dejan la necesidad de intensidad.

Cambian la sustancia por:

  • Relaciones tóxicas.

  • Conflictos constantes.

  • Autosabotaje.

  • Crisis repetidas.

Cambia el objeto. No cambia el patrón.

Porque el sistema nervioso se acostumbró a vivir en alerta. La paz se siente extraña, el silencio incomoda, la estabilidad parece vacía. Eso es abstinencia del problema.

¿Y si el problema te hace sentir importante?

El conflicto también da algo más sutil: significado.

Cuando luchas contra algo, sientes dirección. Sientes que estás “haciendo algo”.
Sientes que tu historia tiene peso.

Pero si desaparece el conflicto… queda el silencio. Y el silencio obliga a mirar hacia adentro.

Ahí ya no puedes culpar a nadie.
Ahí no hay villanos.
Ahí solo estás tú frente a tu vacío.

En Proyecto VYBE hablamos mucho de desarrollar tu verdadera libertad

Tal vez la frase de Tony Robbins no habla de minimizar las drogas químicas. Habla de algo más profundo:

Que muchos seres humanos son dependientes de la activación emocional constante.
Que el cerebro puede volverse adicto al estrés.
Que el ego puede necesitar el conflicto para sentirse vivo.
Que el problema puede ser una forma sofisticada de evitar el vacío existencial.

No todos consumen sustancias. Pero casi todos consumen tensión.

Hagamos una pregunta incómoda

Y aquí quiero dejarte con una pregunta que puede cambiar tu vida si la respondes con honestidad:

Si hoy desaparecieran todos tus conflictos…
¿quién serías?

Sin tu historia dolorosa.
Sin tus excusas.
Sin tus luchas repetidas.
Sin el drama que cuentas una y otra vez.

¿Quién queda?

Ahí empieza la verdadera rehabilitación. No solo dejar una sustancia. Sino dejar la necesidad del caos.

Porque la paz no es aburrida. Es desconocida.

Y a veces lo desconocido asusta más que cualquier droga. Pero también… es el lugar donde empieza la verdadera libertad.

MOISES M.